jueves, 7 de diciembre de 2017

Open. Memorias (Andre Agassi)

Andre Agassi



"Abro los ojos y no sé dónde estoy, ni quién soy. No es algo tan excepcional. Llevo media vida sin saberlo. Aún así, esta vez me parece distinto. Esta confusión me da más miedo. Es más total".
(Andre Agassi)

"El tenis utiliza el lenguaje de la vida: ventaja, servicio, falla, ruptura, amor... cada juego es una vida en miniatura." 

Andre Agassi.

Hace rato había comprado este libro de Andre Agassi, pero lo tenía en espera, así como otra larga lista. Y vaya sorpresa me he llevado. Desde sus primeras líneas, de verdad me pareció realmente muy bien escrito, y entiendo todos sus elogios. Además de ser amante del deporte, y del tenis especialmente (y seguidor de Agassi), ya había leído libros sobre deporte y deportistas, visto películas, etc. Pero tenía cierta resistencia, porque la mayoría de estos libros, además de ser narrados por un escritor fantasma, muchas veces no son auténticos. Pero con las memorias de Andre me he llevado una sorpresa.

Primero, hay que aclarar que tampoco Andre fue el escritor general de estas memorias, él mismo lo cuenta, lo detalla y agradece al final, la ayuda del escritor J. R. Moehringer, al que Andre se encontraba leyendo, y quedó fascinado por su también libro biográfico, “El bar de las grandes esperanzas”, que tuvo mucho éxito en su momento. Por lo que se hacen amigos y Andre lo contrata para que le ayude a plasmar sus memorias en papel. Y fue todo un acierto, y un largo proceso según cuenta él mismo. 

El libro, que cuenta con 30 capítulos, el primero que se llama “El fin”, seguido de 28 capítulos simplemente numerados con su respectivo número, y el capítulo final, titulado “El principio”, más los agradecimientos, que dedica una gran parte a su coescritor. En ese capítulo primero, “El fin”, corresponde al último torneo de su carrera, en el que se retiró profesionalmente: el Us Open 2006. Y recuerdo exactamente ese torneo y esa despedida de Agassi, por lo que me ha resultado fascinante saber todo lo que él estaba pensando y sintiendo en ese momento. Pero lo que más me sorprendió es la narrativa, muy bien lograda, llegando por momentos a ser un thriller deportivo, por lo emocionante de las descripciones de las jugadas, un thriller y drama psicológico, una especie de novela de iniciación, una novela sobre la infancia, sobre la vanidad, sobre el deseo, sobre la infelicidad, sobre el amor, sobre la amistad y sobre llegar a treguas con la vida, con el pasado y con el mismo ser.

Muchos de nosotros seguramente tenemos historias increíbles, pero no todos pueden traducirla en palabras, y expresarlas en una buena narración. La escritura del libro es hipnótica, honesta, íntima, personal, y es increíble conocer los detalles técnicos y estratégicos de uno de los tenistas más inteligentes, técnicos y estratégicos del circuito. Por su mismo entrenamiento desde pequeño con su padre, quien lo entrenaba con una máquina que Andre llamaba, "El dragón", porque era un aparato que disparaba pelotas a una gran velocidad. Andre le tenía miedo, y fue una de las razones que originaron su odio por el tenis. Pero también sabemos que su característica deportiva, ser un gran devolvedor de servicios, en parte la adquirió por su entrenamiento de niño con su padre y el Dragón. Andre nunca tuvo un servicio muy potente, con el tiempo lo mejoró, pero sus mejores habilidades eran como devolvedor y hacer correr a sus rivales. Quedé fascinado, y prácticamente sorprendido con su primer capítulo, y se mantiene el ritmo y la emoción hasta el final. Quizás con alguno que otro capítulo que extienden mucho algunas escenas, que quizás eran innecesarias. 

Particularmente los capítulos dedicados a su infancia son muy buenos y dan mucha claridad sobre los siguientes, y sobre los dramas y traumas que tuvo el tenista en su vida. La relación con su padre, que como en la mayoría de casos, es una relación difícil, dolorosa, pero que a la vez tiene momentos muy bellos, sobre todo cuando Andre logra el tan anhelado sueño del éxito profesional en el tenis. También es interesante conocer lo que hay detrás de su constante y eterna afirmación de que toda la vida odió el tenis. Su adolescencia como chico rebelde, abandono del colegio, sus peinados, su ropa para jugar los campeonatos, como se fue convirtiendo en una estrella, incluso antes de ser un gran tenista. Siempre tuvo talento, pero al inicio no estaba muy concentrado, era inseguro, y su imagen opacaba su tenis, lo que le reprochaban varios colegas.

Además de la familia, la fama y su carrera, hay un tema primordial para Andre, y todos los tenistas, que es la amistad y el equipo. En Andre, y él lo reconoce, se encontró con distintas personas en su vida, que lo guiaron en el camino, que sustituyeron la imagen paterna de su padre, que le dieron apoyo y seguridad. Nick, Brad, y sobre todo su inseparable y grandulón amigo, Gil. 

Andre tuvo una carrera que se extendió por 21 años, desde 1986 hasta el 2006, donde fue número uno del mundo, y logró 8 títulos de Grand Slam.

Además de su historia personal e íntima, es muy divertido e interesante conocer sobre otros aspectos de su vida, con muy buenas anécdotas e historias. Su desenvolvimiento en los torneos, su relación con Brooke Shields, los problemas con el cabello, que tiene una historia muy sorprendente, porque es una revelación del tenista sobre un drama del tenista que nunca tuvimos noticia. Y como transcurrió su relación con la gran tenista Stefanie “Steffi” Graf, que fue al tiempo como la reunión de dos almas gemelas que se conocieron en un momento justo y que se complementaban muy bien. 

Claramente, como amantes del tenis, también tenemos historias sobre sus partidos y sus conocidas rivalidades, con Connors cuando aún era muy joven, con Becker, Lendl, Courier, Chang, y por supuesto su gran rival, Pete Sampras. Y también, sus primeros encuentros con las dos grandes leyendas que dominarían el tenis en los próximos años y actualmente, Roger Federer y Rafael Nadal. Agassi describe y augura la grandeza de ambos deportistas cuando eran aún muy jóvenes. 

Es increíble descubrir cómo Agassi pudo haber logrado muchos más triunfos, y ser aún más grande de lo que fue, pero también vemos como en un deporte como el tenis, la mentalidad, la confianza y la parte psicológica es tan importante. Muchas veces más importante que la parte técnica y el talento. Y Agassi era un buen lector de sus oponentes, por eso la descripción sobre sus rivales, sobre su juego, y sobre el tenis en general, no tienen desperdicio. 

La novela retrata toda su vida, hasta la construcción del Agassi College Preparatory Academy, en su natal Las Vegas, que para él es una de sus grandes obras. Curiosamente un chico que abandonó la escuela y siempre renegó de los estudios, crea un centro de aprendizaje una gran escuela para ayudar a los jóvenes de escasos recursos. Porque esa fue otra de las enseñanzas que le dejó la vida a Andre, y la comparte con nosotros. El dar y compartir con los demás, sus riquezas, su conocimiento y su vital apoyo. 

Sin dudas, unas memorias muy emotivas, donde transcurrimos todas las emociones como ya he mencionado, y casi todo muy bien escrito y detallado. Con un título muy bien puesto, “Open”, porque en realidad sentimos que el ser humano se abre ante nosotros, mostrándonos sus virtudes pero también sus múltiples defectos, se trata sin piedad por momentos y se auto crítica constantemente. Eso lo hace mucho más valioso y admirable, porque habla de lo que no todo el mundo se atreve a hablar en unas memorias, y en este caso, de un deportista que llegó a ser también una celebridad del mundo del entretenimiento, es muy valioso. Una buena lectura, que vale la pena, para los amantes y no amantes del tenis.  


7/10



Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)

jueves, 30 de noviembre de 2017

Tan poca vida (Hanya Yanagihara)

Hanya Yanagihara



“Tan poca vida” es uno de los últimos intentos de escribir la “gran novela americana”, ese gran anhelo de varios escritores norteamericanos, que precisamente buscan componer una obra ambiciosa, extensa, realista y trascendente, que capture el espíritu de una época, y sirva de testimonio para desentrañar la naturaleza y esencia de la sociedad. Esta novela, además, cuenta con el apoyo de la crítica y el público. “Moby Dick” de Herman Melville, fue una de las grandes novelas referentes para construir este concepto, una novela que construye todo un universo épico a través de una historia con paisajes reconocibles, que desentraña los más oscuros y luminosos recovecos del ser humano. Lo curioso de este concepto, además de sus ya mencionados cánones estéticos, es que ha sido monopolizada por hombres, y el último que se menciona que ha alcanzado el logro, es el excelente escritor Jonathan Franzen. Pero hasta hace pocos años que se han mencionado a algunas escritoras como candidatas a escribir la gran novela americana, una de ellas, Donna Tartt, con sus ambiciosas novelas, como El Jilguero, el cual reseñé en este blog, comparto el link a continuación:

El Jilguero (Dona Tartt) 
Libertad (Jonathan Franzen)

Una de las últimas mujeres que se ha postulado para esta hazaña, es la escritora estadounidense, nacida en Los Ángeles, pero con padres de ascendencia hawaiana y asiática, Hanya Yanagihara. Y el título: Tan poca vida o A Little Life, publicada por primera vez en el 2015, y editada al idioma español entre el 2016 y 2017. Y esta novela, cumple con varios de los puntos para ser una aspirante a gran novela americana, aunque ya hay otros grupos que la han catalogado como la gran novela gay de las últimas décadas, y aunque en general no me gustan mucho las etiquetas, sobre todo cuando segmentan y minimizan la dimensión de una obra, son válidas. A continuación, hablaré de la novela, y en ese proceso iré abordando varios de los puntos mencionados anteriormente. Iniciando con un resumen general: la novela me ha gustado, me la devoré completa en menos de una semana, y como he percibido en varias candidatas a ser catalogadas Grandes Novelas Americanas, tiene el defecto de que no es una novela perfecta, tiene pequeños lunares, páginas de más que pueden ser prescindibles y pudieron pulirse en una edición, redundancias y descuidos en los tratamientos de algunos personajes… Pero a pesar de estos y otros detalles negativos, como me ha pasado con otras novelas de igual dimensión, son novelas que sobreviven a la lectura, por esos aciertos, grandes aciertos que logran en su travesía. Trataré explicar esto con más detalles a continuación: 

Lo primero que resalto de la novela en forma general son dos aspectos en los que se mantiene toda la trama, la parte física y la parte psicológica. 

En cuanto a su aspecto narrativo, me gusta mucho la alternación entre las perspectivas de las voces narrativas que se intercalan de forma muy hábil para contarnos una historia que trasciende casi 50 años, más los que transcurren y se narran en forma de flashbacks sobre sus respectivas infancias y sobre el pasado de otros personajes. Me sorprende el uso de la tercera persona, que se dedica a explorar las perspectivas de todos los personajes, en ocasiones sobre un mismo hecho o escena, hasta en momentos tomar la habitual distancia y centrarse en todos al tiempo. Como por ejemplo, cuando una de las voces narradoras o focos de la perspectiva narración no es ninguno de los 4 personajes principales (los amigos), sino Harold, el académico/abogado que llega a mantener una relación cercana con Jude. Cuando estamos leyendo la versión de Harold, se presenta en forma de misiva, como si fuese una larga carta que él ha mandado probablemente a Willem, hablando sobre Jude, aludiendo a hechos pasados, por lo que vemos como se juega también con el tiempo. Y por supuesto, los momentos en primera persona que ayudan a profundizar más en la psicología de los personajes. Y esa es una de las virtudes de la novela, la increíble introspección, disección y análisis en la mente de los personajes, que en esta novela especialmente, se dedica a la inspección de la mente de la figura masculina. Aunque la autora es una mujer, sorprende el alcance que logra y el nivel de veracidad en diseccionar y exponer aspectos de la psicología y la intimidad masculina, en distintos aspectos y épocas de su vida, en especial entre los 20, 30 y 40 años. No resulta raro, cuando en una entrevista la autora confirma que los hombres le generamos una mezcla de ternura y lástima, en el aspecto de lo represivos que hemos estado históricamente en expresar nuestros sentimiento y emociones, bajo la figura machista y patriarcal que no nos permite demostrar debilidad. Este aspecto la autora lo trata muy bien, porque como efectivamente las emociones de los hombres son en su mayoría guardadas, ella tiene que ahondar en los pensamientos, y en su narración los personajes masculinos transmiten y recorren con silencios los pasajes de sus vidas, aunque sean los más íntimos amigos. Como es el caso de la novela, que uno de sus temas es precisamente el abordaje de la amistad masculina. ¿Hasta dónde llegan los límites de la demostración de afecto? ¿Hasta dónde expresamos lo que en realidad pensamos? ¿Qué escondemos? ¿Qué callamos? ¿Qué preferimos no preguntar? Son varias de las preguntas que se tratan de responder. Y en este punto ya tenemos en cierta forma el sentido de capturar el espíritu de una época, aunque aquí no se reduce a una época sino al mismo mito universal de la masculinidad.  

La autora hace un repaso casi que real y eficaz sobre los problemas y contradicciones de los hombres entre los 20 hasta pasados los 40 años. Los miedos, las presiones sociales, los anhelos, cómo cambian nuestros objetivos de vida y nuestra forma de ver y asumir la vida. Y vale la pena recalcar de los hombres en general, sin importar su condición o preferencias sexuales, sea heterosexual, homosexual o bisexual, porque entre los personajes de la novela varían las opciones y encontramos reflejados dentro del mismo grupo de amigos a esta variedad. Me sorprendió la cantidad de detalles que en realidad te permiten identificarse con sus personajes, así en algunos casos no sean iguales a ti, pero encuentras momentos, escenas que te dejan desnudo ante la mirada y la prosa de la autora.

Es así, como a través de 7 grandes capítulos, distribuidos en 1.004 páginas (800 en su versión en inglés), la autora nos sumerge en un largo, doloroso, emotivo, reflexivo y catártico viaje. Su primer y su último capítulo tienen el mismo nombre: Lispenard Street. Y aquí entramos en otro aspecto, que es el de los paisajes reconocibles desde el punto de vista geográfico. Lispenard Street es un sitio real, dentro de la ciudad de Nueva York, que está señalizado y corresponde a un edificio en el barrio Tribeca en Manhattan. Y es claramente un lugar importante, porque es el primer edificio donde viven dos de los personajes principales de la novela en sus tiempos de universidad, y donde se reúnen y convergen varios momentos con sus otros amigos. El siguiente capítulo, “El Posthombre”, se centra y sigue desvelando la amistad de los cuatro amigos, Willem, JB, Malcolm y Jude, pero que va centrando la importancia de uno de ellos, Jude. Willem es un joven actor de ascendencia europea, que perdió a sus padres muy joven, se forja con esfuerzo, con el tiempo logra el éxito en su profesión, y es el compañero de piso de Jude en Lispenard Street. JB, es un artista y fotógrafo afroamericano, es abiertamente gay, y según los datos revelados de su familia se puede inferir que representa la clase media acomodada, o los llamados pequeños burgueses. Malcolm es arquitecto, siguiendo su tradición familiar, su familia es rica. Y Jude, no voy a contar muchos detalles sobre él, sólo generalidades, es un joven que tuvo una infancia y adolescencia muy difícil, pero logra también salir adelante y convertirse en un importante abogado. Entiendo que a algunas personas les puedan parecer personajes muy estereotipados, pero hay algo que tenemos que tener en cuenta, para no caer al tiempo en una apreciación banal, y es que estamos en Nueva York. Y aquí vuelvo a mencionar otro de los puntos que la autora trata en su novela, y es capturar cierto espíritu juvenil retratado en los miles de jóvenes que llegan a Nueva York a cumplir sus sueños, el sueño americano. Por esto, no es raro ver a personas que sean atractivas físicamente, quienes precisamente se mueven bajo el mundo cultural y artístico de la ciudad. Es cierto que todas las personas merecen que su historia sea contada, pero para eso tenemos la variedad de novelas, autores y perspectivas. Por lo tanto, la parte de los personajes en esta novela, para mí fue muy efectiva, hay personajes que logran una gran profundidad, y quizás el punto negro sea que quizás algunos de los principales quedan relegados en cuanto a tratamiento y profundidad. Pero siguiendo con el nombre de los capítulos, luego del Posthombre, viene “Retoques”, que es una analogía al trabajo de Willem como actor, precisamente cuando en una escena lo están maquillando antes de salir a escena, dándole los retoques, pero al tiempo nos habla del maquillaje o la máscara con que a diario pasean todas las personas, y se sigue ahondando en sus personajes. Luego viene, “El axioma de la igualdad”, uno de los capítulos más famosos del libro, he visto que muchas personas se tatúan el nombre en los brazos, y es un capítulo donde le damos la gran bienvenida al dolor, se van desvelando más detalles del pasado de Jude, y los fantasmas que retoman en el presente. Luego seguiría, “Los años felices”, que creo que es el capítulo más extenso, con casi o más de 300 páginas, es otro capítulo memorable y en muchos momentos magistral porque siguen las revelaciones, ocurre algo que el lector viene deseando desde hace muchas páginas atrás, pero el título en un poco engañoso, porque el dolor nunca se va. El penúltimo capítulo se titula, “Querido camarada”, en referencia a una película de Willem, y finalmente, nuevamente en Lispenard Street, en Nueva York.  



Lispenard Street



Como ya había mencionado, me parece que captura parte del espíritu de Nueva York, la de los jóvenes que buscan sus sueños, la mezcla de clases, de personalidades, la fauna humana que se diluye y converge en la Gran Manzana. Es cierto que en algún momento todos alcanzan el éxito, algunas veces momentáneo y otros más duraderos. Es una disección que sirve al tiempo para mostrar algo más general, los sentimiento humanos, y cómo varían de acuerdo a la condición, la clase, entre otros aspectos, porque aún así, cada uno de ellos es diferente y asume su vida de distinta forma. Y aunque todos los personajes no tienen el nivel de profundidad, ni la novela se dedica ahondar tanto en cada uno de ellos, por lo que nos pueda parecer que algunos no están bien dibujados, también hay que reconocer que en el transcurso de la novela sabemos que el centro de la historia es Jude. Y que todo se va a centrar en él, incluso los otros personajes, aunque tengan sus momentos de intimidad y conozcamos más de ellos, todo va a girar en torno a la figura de Jude y su relación con ellos. 

Ya he hablado del aspecto psicológico del libro, pero decía que también es físico, y lo es, porque es un libro muy doloroso, y el cuerpo es parte fundamental de la narración. Aquí vuelve a entrar el personaje tan bello, oscuro, complejo, y en palabras de la propia escritora, un poco extremo intencionalmente que ha construido, el personaje de Jude. La encarnación del dolor, del sufrimiento, la destrucción, la superación y la misma impotencia ante los traumas del pasado. Sé que muchas de las críticas al libro, es el personaje de Jude, por todo lo que sufre y todo lo que le pasa. Pero honestamente, lo que me quedó a mí de Jude no fue todo lo que le pasa, eso es un elemento que la autora ha confesado que de forma intencional quiso retratar un ejemplo extremo al que le sucedieran tantas cosas, aunque incluso acá tengo una objeción, porque la realidad siempre supera a la ficción, y sólo hay que leer o ver las noticias todos los días para comprobar que hay incluso casos peores. Pero lo que venía diciendo, yo no me quedé con todo lo que le pasa, lo que más me impresionó de Jude es su construcción psicológica, su estructura de pensamiento, y todas las reflexiones internas, porque en efecto, aunque es el personaje central, es quien más calla. Llegamos a sentirnos incluso impotentes de la poca información que llegamos a tener de él en cierto momento, y como seguimos las suposiciones y teorías de sus amigos, de Willem, y de las personas que se vuelven cercanas a él. Incluso puedo decir que me identifiqué con Jude en varios aspectos, sin necesidad de haber pasado por lo mismo que él. Sino en la forma de pensar, de asimilar sus miedos e inseguridades. Su forma de percibir y observar. Incluso su forma de auto sabotaje. Pero para entender un poco más al personaje de Jude, lo que le sucede y sus circunstancias, no es necesario haber vivido lo que él vivió, pero si documentarse un poco y conocer distintas experiencias parecidas, porque la violación desde que eres niño deja una marca de por vida. Recientemente lo pude leer, desde la experiencia del pianista James Rhodes, con su libro Instrumental”, (que también se encuentra reseñado en este blog) (http://asbvirtualinfo.blogspot.com.co/2017/02/critica-libro-instrumental-james-rhodes.html), donde hace un crudo retrato de sus abusos y de su posterior infierno en vida. Creo que la visión de Jude, de cómo se ve a él mismo tan manchado, deformado y sucio, es algo real, es un auto sabotaje continuo y el firme convencimiento de que nunca podrá ser feliz, y sentirse estresado de que cuando está feliz, en saber que en cualquier momento va a terminar y se van a decepcionar de él, a conocerlo de verdad. Ese temor constante y eterno autoflagelamiento, tanto psicológico como físico, es muy real en este tipo de casos. Por lo que, en muchas ocasiones lo que estamos viendo, desde la perspectiva de Jude, es esa concepción mental que transforma su percepción del mundo externo. Recordemos que muchos de los otros personajes lo ven con otros ojos, y no pueden entender como él se ve tan mal. Pero es porque también conocemos y tenemos acceso a ese duro y despiadado espejo como se ve Jude a sí mismo. Y la novela logra que el lector se desespere y sufra con Jude, por sus demonios, por su imposibilidad de ser feliz y disfrutar de los placeres de la vida, y por los dramas que llegan cuando incluso se piensa que nada peor puede pasar.

Pero aquí me devolveré a un punto que acabo de mencionar, la imposibilidad de ser feliz y disfrutar los placeres de la vida. Porque precisamente una de las preguntas en la contraportada del libro se refiere a ¿qué tan importante es el sexo?, y en libro lo vemos sustentado, aunque no en una situación de libre albedrío, sino como causa de un trauma que impide disfrutar el acto sexual. Pero dentro de ese contexto hace una interesante reflexión sobre la importancia del sexo en una relación y en la misma vida. Y esta reflexión no sólo se hace sobre el sexo sino sobre la misma necesidad de tener una pareja, y cómo la misma sociedad castiga y atosiga a una persona que llegada a cierta edad se encuentra solo y sin pareja, sin hijos, sin sentar cabeza:

“Pero, ¿cómo se era adulto? ¿Estar en pareja era la única opción apropiada? Claro que una sola opción no era una opción.
¿Miles de años de desarrollo social y evolutivo, y esa es nuestra única posibilidad?

Además del desprestigio que otorga la soledad:

“A veces se pregunta si esa soledad también la experimentaría si no le hubieran abierto los ojos al hecho de que tiene que sentirse solo, de que hay algo extraño e inaceptable en la vida que lleva. Siempre hay gente preguntándole si echa de menos lo que nunca se le ha ocurrido desear, lo que nunca pensó que podría tener.”

Creo que en síntesis, es una novela de largo aliento, que si bien no es perfecta, posee grandes virtudes, que superar sus puntos negros. Aunque me parece que sobran varias páginas y lo hubiese hecho más corto, aún así, pienso que disfruté cada una de sus páginas, sentí tristeza, alegría, dolor, identificación, y totalmente involucrado con la narración y sus personajes. Y me parece increíble cuando una obra logra esa conexión con sus lectores, si buscan en las redes sociales verán como muchas personas, hombres y mujeres, y especialmente hombres, heterosexuales y homosexuales, que se han sentido identificado con la novela y sus personajes, han llegado a tomarse fotos con la portada, que muestra esa imagen de sufrimiento, que asemeja a Jude. También fotos visitando Lispenard Street, o incluso tatuarse nombre de capítulos del libro. Una comunidad, que ciertamente logró una gran conexión con el libro. No creo que me haga tatuajes, pero quizás si una foto (la comparto al final del post).  

Una vez conozcas a Jude, no podrá salirte de la cabeza, inicialmente atrapado por el misterio que genera, y luego aterrado y conmovido por su sufrimiento, su lucha y capacidad de resistir y superar. “Lo siento. Lo siento mucho”, son creo que las palabras que más re repiten en la novela, la mayoría de ellas por parte de Jude. Creo que criticar que un hombre sufra y tenga sentimientos, entraría a una categoría de machismo literario. Y hay algo en Jude que es tan cierto para las personas que han sufrido abusos, y lo que lo lleva a disculparse por todo, y es que nadie lo enseñó de pequeño a no sentir culpa. Y la autora nos muestra como desde muy pequeños aprendemos distintas habilidades sociales para poder convivir en sociedad. También me quedo con su bello retrato de la amistad, la amistad general, en especial la masculina, porque en un momento, Jude , que es el más jodido de sus amigos emocionalmente, se ve dándole consejos a sus amigos, lo que a la vez a él le permite darse cuenta que no es el único que sufre y libra batallas internas. Aunque estemos más jodidos que otros, siempre pensamos que nuestros problemas son los mayores, pero no todas las personas asimilan tan bien el dolor. Y Jude es una persona que a pesar de todo, aprendió a asimilar su dolor, no de una forma perfecta, pero la mejor que pudo encontrar para sobrevivir al trauma. Y en este mismo punto, señala la importancia de los amigos, de personas alrededor en quien apoyarnos mutuamente. Y aquí nuevamente hace énfasis en la ciudad de Nueva York, una ciudad sobre conseguir la autenticidad, algo real y amistades de valor es tan difícil, pero a la vez tan necesaria, donde los amigos se convierten en la familia. Y también como el mismo trabajo se convierte en un soporte o vía de escape para evadir el dolor, y para conseguir una identidad. Pero que sin dudas también debe verse apoyado por la amistad, como menciona Jude en un fragmento:

“La amistad a menudo desafiaba la lógica eludiendo a quienes lo merecían y asentándose en los bichos raros”.

En ese punto, sorprendido de como una persona como él se puede ver rodeada de personas tan buenas, pero con tantos problemas internos para poder aceptarlo. Pero también Jude nos recuerda, de que si no hubiese vivido lo que vivió, quizás no hubiese conocido a las personas que conoció, por eso, en cierta forma, Jude logra una tregua con la vida. Así que recomiendo leerla, con mensajes de advertencia, pero decirles que si logran entrar y dejarse llevar por la trama van a disfrutar y sufrir de una historia de dolor, amistad y amor. Como mencioné al inicio, la parte física y psicológica, nos involucramos de ambas formas, la habilidad narrativa, la introspección en el universo masculino, y las excelentes descripciones de acciones, de sentimientos, de emociones, de gestos, de miradas, de silencios. Sobre todo silencios. 

7/10


Comparto otros fragmentos, y al final la foto que mencioné:

“Sabía qué significaban las casas para Malcolm: eran una forma de autoafirmación, un modo de recordar que, pese a todas las incertidumbres de la vida, había algo que sabía manejar a la perfección, que siempre expresaría lo que no era capaz de verbalizar.
¿De qué tiene que preocuparse?, les preguntaba JB cuando venía Malcolm angustiado por algo. Pero Jude sabía la respuesta. Se preocupaba porque estar vivo significaba preocuparse, porque la vida era aterradora y una incógnita. Ni siquiera el dinero que Malcolm tenía podía inmunizarlo por completo. La vida le apremiaría y él tendría que tratar de responder, como los demás. Todos –Malcolm con sus casas, Willem con sus novias, JB con sus cuadros y él con sus cuchillas- buscaban consuelo en algo que solo les pertenecía a ellos, algo para ahuyentar la aterradora enormidad y la inverosimilitud del mundo, el impecable paso de los minutos, de las horas, de los días”. 

(Tan poca vida, de Hanya Yanagihara) 

»El axioma del conjunto vacío es el axioma del cero. Establece que debe existir el concepto de la nada, o lo que es lo mismo, que debe existir el concepto del cero: el valor cero, los elementos cero. Las matemáticas dan por hecho su existencia, pero ¿se ha demostrado? No. Sin embargo, debe existir.
»Y si nos ponemos filosóficos, como hoy, podemos afirmar que la vida en sí misma es el axioma del conjunto vacío. Empieza en cero y termina en cero. Sabemos que ambos estados existen, pero no seremos conscientes ni de una experiencia ni de la otra: son estados que constituyen una parte necesaria de la vida aun cuando no pueden ser experimentados como vida. Asumimos el concepto de la nada, pero no podemos demostrarlo. Sin embargo debe existir. De modo que prefiero pensar que Walter, lejos de morir, ha demostrado en sí mismo el axioma del conjunto vacío, ha verificado el concepto del cero. No se me ocurre qué podría haberle hecho más feliz. Una mente refinada quiere desenlaces elegantes, y la de Walter era de lo más refinada. De modo que le digo adiós deseando para él la respuesta al axioma que tanto amó.»

(Tan poca vida, de Hanya Yanagihara)



"Entonces piensa en el doctor Kashen. No en él, sino en la pregunta que le hizo al solicitar el puesto de asesor: «¿Cuál es su axioma preferido?» (la frase para ligar de los nerds, según CM). «El axioma de la igualdad», respondió Jude entonces, y Kashen asintió con aprobación. «Es muy bueno.»
El axioma de la igualdad afirma que x siempre es igual a x; parte de la premisa de que si tienes un objeto conceptual llamado x, siempre debe ser equivalente a sí mismo, hay una singularidad en él y está en posesión de algo tan irreducible que debemos dar por hecho que es absoluta e inalterablemente equivalente a sí mismo todo el tiempo, que su elementalidad no se puede alterar. Sin embargo, es imposible demostrarlo. «Siempre», «absolutos», «nunca»; estos son los términos que, como los números, componen el mundo de las matemáticas. No a todo el mundo le gusta el axioma de la igualdad —en una ocasión el doctor Li lo tachó de tímido y remilgado, un baile de abanicos en versión axioma—, pero Jude apreciaba cuán elusivo que era, cómo la belleza de la ecuación siempre se vería quebrantada por los intentos de demostrarla. Era la clase de axiomas que podía hacerte enloquecer o consumirte, que con facilidad podía absorber tu vida entera.
Sin embargo, ahora sabe hasta qué punto es cierto el axioma, porque él ha experimentado la demostración consigo mismo, con su propia vida. Ahora comprende que la persona que fue siempre será la persona que es. Tal vez haya cambiado el contexto, Sí, ahora vive en ese piso, tiene un trabajo bien remunerado que le gusta, tiene padres y amigos a los que quiere. Tal vez sea respetado y, en el juzgado, quizá incluso temido. Pero, en esencia, es la misma persona, una persona que inspira aversión, una persona que ha nacido para ser aborrecida. Y en ese microsegundo en el que se encuentra suspendido entre el éxtasis de volar y la expectativa del aterrizaje, que le consta que será terrible, sabe que x siempre será igual a x, con independencia de lo que haga, de los años que hayan transcurrido desde que dejó el monasterio y al hermano Luke, de todo el dinero que gane o del esfuerzo que haga por olvidar el pasado. Esto es lo último que piensa al caer sobre el hormigón y fracturarse el hombro. Por un instante el mundo le ha sido felizmente arrebatado: x = x, piensa, x = x, x = x."

(Tan poca vida, de Hanya Yanagihara)



Mi foto con el libro: 


Alejandro Salgado Baldovino





Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)


jueves, 23 de noviembre de 2017

Señorita María: La falda de la montaña (Rubén Mendoza)

Rubén Mendoza



Una de las producciones colombianas, en este caso, documental, que se pudieron apreciar en la pasada edición del FICCI, fue el más reciente trabajo del excelente director colombiano Rubén Mendoza (La sociedad del semáforo, Memorias del calavero y Tierra en la lengua). Uno de los directores más queridos del FICCI, que ha visto y ha sido testigo de su desarrollo como cineasta. 

En esta ocasión, presentó un documental, ambientado en las montañas de Boavita, un pueblo campesino, conservador y católico, en el departamento de Boyacá, en donde vive la señorita María Luisa. Una mujer de 44 años, que aunque nació siendo un hombre, desde hace muchos años se viste y se siente como una mujer. 

Hace meses realicé una colaboración para la página y revista amiga, Cabeza de Gato, con esta misma reseña. La comparto ahora en mi blog, a propósito del estreno en salas de cine en Colombia. 




Crítica del documental Señorita María: La falda de la montaña


A María Luisa le tocó crecer en un ambiente muy fuerte y hostil, en un lugar apartado de las nuevas tendencias sociales de la civilización, que aún en la ciudad son tan difícilmente aceptadas. Por lo que, en el transcurso del metraje somos espectadores de sus fuertes y duros testimonios, que además de su condición, se encuentran con las difusas historias de sus orígenes. Siendo al parecer abandonada desde muy pequeña. Pero lo realmente desconcertante al ver y escuchar sus testimonios, es la inocencia, la pureza, la nostalgia, la tristeza, pero a la vez humor con la que ella misma la cuenta. Lo bello y lo puro, contrastado continuamente con lo feo y oscuro de la naturaleza humana. 



Crítica del documental Señorita María: La falda de la montaña


La señorita María, no es apática a las tradiciones, trabaja en el campo, y como única amiga tiene a una vecina mayor, que la ha acogido, le habla, y le ha aceptado como es. Este hecho contrasta con una de las entrevistas a la vecina, donde esta confiesa que le habla y son amigas porque le da lástima. Parece que incluso en la única persona donde deposita su afecto, aún encuentra algo de resistencia. Pero lo importante de la señorita María Luisa, es que se aferra a lo positivo, a su vecina, a los animales y al entorno del campo, que le dan la fuerza y las energías para persistir y salir adelante cada día… y levantarse cada mañana. También es muy devota a la virgen María, y como a veces la religión tiene una función sanadora, le ayuda también a sentirse escuchada, querida y aceptada… así sea en sus oraciones, a pesar de las duras miradas de las otras personas del pueblo.



Crítica del documental Señorita María: La falda de la montaña


Se nota realmente la intimidad y el compromiso que Rubén logró con este bello personaje, lo cual se notó en su presentación oficial en el FICCI con todo en el elenco en el Teatro Adolfo Mejía, cuando al terminar el documental, Rubén, la Señorita María y todo el equipo subieron al escenario, y recibieron una gran ovación de duró varios minutos. Y la Señorita María sorprendida miraba a todo el público, desde la platea hasta los altos palcos que le aplaudían y le manifestaban su afecto. Fue uno de los momentos más hermosos de todo el FICCI. Y sin dudas, de las mejores producciones presentadas. 



Crítica del documental Señorita María: La falda de la montaña



Gracias Rubén, por seguir compartiendo tus películas con nosotros. Un hermoso y excelente documental, realizado con mucho amor y precisión. Aunque tiene una estructura clásica dentro del género documental, con el uso de entrevistas, Rubén intercala las palabras con bellas imágenes cotidianas de la vida del personaje que tienen un significado especial. Así como escenas independientes muy bellas y bien logradas, que demuestran el gran acercamiento que tuvo con la señorita María. Y sobre todo por rescatar este bello y particular personaje, presentado con respeto, honestidad, amor, calidez, y sin innecesarios maniqueísmos, tan usuales en estos casos. Me gustó mucho, y Mendoza sigue demostrando que es de los directores locales con más talento. Una de las producciones imperdibles de este año. 


Trailer de Señorita María: La falda de la montaña






martes, 21 de noviembre de 2017

El Reino (Emmanuel Carrère)

Emmanuel Carrere



“El Reino” es uno de los últimos libros del gran escritor francés, y al que personalmente considero el mejor escritor contemporáneo francés, Emmauel Carrère. En este libro, su más reciente, hace un estudio muy juicioso e incisivo sobre las escrituras y las confronta con la evidencia histórica, con la lógica, con su ingenioso y fino humor. Por supuesto, como él siempre lo hace, desde la primera persona, y en esta oportunidad con apartes biográficos, donde explica su proceso y evolución personal con respecto a sus propias creencias

El libro entra dentro de varios géneros, desde la novela histórica, el ensayo y la autobiografía. Con cinco grandes capítulos, que se alternan a la vez con distintas épocas, lugares y personajes. Iniciando con “Una crisis. París. 1990-1993”, donde nos habla Carrère directamente sobre su crisis de fe. Siguiendo, y retrocediendo en el tiempo con “Pablo. Grecia. 50-58”, donde el autor nos lleva a indagar en las figuras de los discípulos, que a la vez fueron los autores de la Biblia. Este capítulo va muy unido con el siguiente, “La investigación. Judea. 58-60”, donde Carrère continúa la indagación y la investigación rigurosa e histórica sobre lo que en realidad ocurrió en esa época, y contrastar el entorno de ese tiempo con lo que los evangelistas escribían. 

En este punto, es importante resaltar que el tema interesó tanto al autor, porque precisamente Emmauel Carrère fue seleccionado para un proyecto de hacer una nueva traducción de la biblia al francés. Debido a esto, tuvo mucha documentación a su mano, él mismo investigó mucho, y este libro es el resultado de sus indagaciones, y de cómo en el proceso lo fue afectando, al encontrarse curiosamente con el mismo proceso de construir ficciones, y de ordenar, completar y adornar, como se hizo en el pasado. El autor menciona en un momento al historiador y filólogo Ernest Renan, quien publicó un libro llamado “La vida de Jesús” en el año de 1863, que generó un gran escándalo. El autor comparte con el lector los descubrimientos de este libro y extrae lo más curioso para su propio análisis. 

Otro de los capítulos tiene por título, “Lucas. Roma. 60-90”, en donde sigue indagando la vida de los evangelistas, y su opinión personal de cada uno, Pedro, Pablo, Lucas… Incluso se llega a comparar la escritura de uno y de otro, y como algunos alteraban las versiones de otro. Cómo cada discípulo daba su toque a cada libro, y Pedro finalmente modificaba todos, lo que no le parecía correcto. En uno de los fragmentos dice: 

“La mayoría de la gente hoy cree que “evangelio” designa un género literario, el relato de la vida de Jesús, y que Marcos, Mateo, Lucas y Juan escribieron los Evangelios como Racine tragedias o Ronsard sonetos”. 

Y también menciona que Marcos escribía de forma más real y cruda, ya que se centraba, analizaba y retrataba con efectividad la forma como hablaba Jesús en realidad, así mismo sus actos, pero que Lucas posteriormente los editaba, porque le parecían muy inapropiados o violentos. En otro de los episodios del libro, recuerdo que el autor menciona y describe un pasaje en donde Jesús hace un ritual donde devuelve la vista a un hombre. Pero el ritual es curioso porque Jesús utiliza hierbas, distintos elementos y su propia saliva, haciéndolo parecer como un mismo chamán, pero posteriormente nos dice que esa versión fue cambiada y editada, dejando por ejemplo, que Jesús devolvió la vista con solamente imponer sus manos sobre los ojos del hombre.    

Con respecto al libro de Ernest Renan, “La Vida de Jesús”, el autor dice:

“Pero La Vida de Jesús es sólo la parte visible del iceberg. Lo más apasionante son los seis volúmenes siguientes de la Historia de los orígenes del cristianismo, donde hace la crónica detallada de una historia mucho menos conocida: el modo en que una pequeña secta judía, fundada por unos pescadores analfabetos, unida por una creencia absurda por la cual  ninguna persona razonable hubiera dado un sestercio, devoró desde el interior, en menos de tres siglos, al imperio romano y, contra toda verosimilitud, perduró hasta nuestros días”.

Pero comentaba en el inicio, además de este estudio riguroso sobre las escrituras, con sus finas anotaciones, Emmauel Carrère nos habla también de su vida, de cosas banales pero que representan pasajes muy divertidos, como por ejemplo, cuando compara la inspiración del cuadro femenino de una deidad con su experiencia personal viendo pornografía. Pero además de su vida, con sus detalles más íntimos, existenciales y banales, también nos habla de su misma obra. De hecho, me gustaron mucho las partes en que se dedica a hablar de varias de sus famosas y estupendas novelas anteriores, “Una novela rusa”, “De vidas ajenas” y “El Adversario”. Sobre esta última menciona en uno de los fragmentos:    

“No tengo derecho a quejarme, nadie me obligó a hacerlo, pero conservo de los años dedicados a escribir El adversario el recuerdo de una larga y lenta pesadilla. Me avergonzaba de que me fascinase esta historia y este criminal monstruoso, Jean-Claude Romand. Con la distancia, tengo la impresión de que lo que tanto me asustaba compartir con él lo comparto, lo compartimos él y yo con la mayoría de la gente, aunque la mayoría de la gente no llega, por suerte, a mentir durante veinte años ni acaba matando a toda su familia. Creo que hasta los más sólidos de nosotros experimentan con angustia el desfase entre la imagen que bien o mal se esfuerzan en proyectar a los demás y la que tienen de sí mismos en el insomnio, la depresión, cuando todo vacila y se agarran la cabeza entre las manos, sentados en la taza del retrete. Hay en el interior de cada uno de nosotros una ventana que da al infierno, hacemos lo que podemos para no acercarnos, y yo, por mi cuenta, he pasado siente años de mi vida estupefacto de esa ventana”.  

Y luego de ese mismo párrafo, cuenta sobre su intercambio de Cartas, así como lo hizo Capote, con Romand en la cárcel, el cual se había convertido al cristianismo. Y en una de las cartas Romand le preguntó a Carrère si era cristiano, y Carrère mintió diciendo que sí. Quizás para acercarse más el favor Romand.

“Entonces lo que yo llamo ser cristiano, lo que me indujo a responder que sí, que yo era cristiano, consiste simplemente en decir, ante la duda abismal de Romand: ¿quién sabe? Consiste, estrictamente, en ser agnóstico. En reconocer que no lo sabes, que no puedes saberlo, porque es indecible, en no descartar totalmente la posibilidad de que Jean-Claude Romand tenga que lidiar en el secreto de su alma con algo distinto al mentiroso que lo habita. Esta posibilidad es lo que llamamos Cristo, y no fue por diplomacia por lo que dije que creía en él, o intentaba creer. Si Cristo es eso, incluso puedo decir que sigo siendo creyente”. 

El último capítulo se titula, “Epílogo. Roma, 90-París, 2014”, en este el autor realiza una síntesis sobre todo lo que ha tratado anteriormente, las escrituras, las ficciones, su obra, su vida, y analiza el significado de “El Reino”. Y comparte con el lector su fascinación e interés con distintas parábolas bíblicas, y sus oscuros significados o evidencias. Específicamente, con la parábola de El hijo pródigo, cuenta cómo siempre le ha impresionado esa historia, y cómo se las contaba a sus amigos para compartir sus opiniones:   

“En los últimos tiempos, cuando se acerca el fin de este libro, cada vez que unos amigos vienen a mi casa les pregunto qué piensan de esta historia.

Se las leo en voz alta y todos se quedan desconcertados. El perdón del padre les conmueve, pero la amargura del hijo mayor les turba. Habían olvidado la parábola. La consideran legítima. Algunos tienen la impresión de que el Evangelio se mofa de ella. A continuación les leo la historia del intendente granuja, después la de los jornaleros de la undécima hora, y tampoco comprenden lo que quieren decir. En una fábula de La Fontaine sí lo comprenderían, sonreirían ante una moraleja amoral y ladina. Pero no es una fábula de La Fontaine, es el Evangelio. Es la palabra última sobre lo que es el Reino: la dimensión de la vida en que trasparece la voluntad de Dios. 

Si se tratase de decir: “La vida en este bajo mundo es así, injusta, cruel, arbitraria, todos lo sabemos, pero el Reino, ya verán, es otra cosa…” Nada de eso. No es en absoluto lo que dice Lucas. Él dice: “Es así, el Reino”. Y, como maestro zen que ha enunciado un koan, te deja que los descifres”. 


En síntesis, es una lectura fascinante que contiene todo lo bueno de este brillante autor. Que no teme a tratar temas, a tocar llagas, a explorar la naturaleza y oscuridad del ser humano, y sobre todo exponerse a sí mismo en su obra para hallar respuestas del exterior, sobre otras personas y sobre sí mismo. Lo recomiendo, porque narra con mucho humor muchos temas, y explora un tema tan delicado como el proceso de desarrollo de las escrituras, con una investigación rigurosa detrás, que le permitió descubrir cómo la ficción siempre ha estado y estará presente en nuestras vidas. Puede que en algunos pasajes de las escrituras, donde ahonda en las figuras y las vidas de los evangelistas se vuelva un poco pesado, pero creo que ese detalle evidencia lo riguroso de la documentación, que expone información importante y real sobre la existencia de esos personajes bíblicos en su paso por la tierra.   


8/10



Comparto otro de los primeros fragmentos de la lectura:


"Lo que los romanos denominaban "religio" tenía poco que ver con lo que nosotros llamamos religión y no entrañaba la profesión de una creencia ni una efusión del alma, sino una actitud de respeto, manifestada mediante ritos, hacia las instituciones urbanas. A la religión tal como nosotros la entendemos, con sus prácticas extrañas y sus fervores inoportunos, la llamaban desdeñosamente "superstitio". Era algo de orientales y de bárbaros, a los que se les permitía que se entregasen a sus ritos siempre y cuando no alterasen el orden público. Ahora bien, a Pablo y a Silas los acusan de alterarlo, y por eso los tolerantes magistrados de Filipos ordenan que se les despoje de la ropa y que los azoten, los muelan a palos y, para acabar, que los encarcelen con cadenas en los pies".

(Fragmento de "El Reino", de Emmauel Carrère)



lunes, 13 de noviembre de 2017

American Vandal - Serie TV (Netflix)

Netflix



Es una serie de 8 episodios, cada uno de ellos de no más de 30 minutos de duración, creada por Tony Yacenda y Dan Perrault, producida por CBS y distribuida por Netflix. 

La serie cuenta la historia de un instituto en donde un día hacen una broma muy pesada, pintando los carros de todos los profesores y directivos de la institución con distintos penes gigantes de color rojo. Todas las miradas apuntan inmediatamente al payaso del instituto, un joven que se dedica a hacer bromas pesadas a los profesores, compañeros y a grabar sus bromas en vídeos de Youtube. El blanco perfecto. Parece que todo apunta a su culpabilidad. Pero una pareja de estudiantes que trabajan en un programa local del instituto se dedican a ahondar sobre la investigación, porque creen que el payaso del instituto, a pesar de todo puede ser inocente. 




Netflix


Desde su primer episodio me pareció muy entretenida, e inicia como si fuera una broma, un experimento de falso documental, pero poco a poco la trama va avanzando y se va volviendo cada vez más compleja. Las investigaciones desvelan pistas que llevan a ahondar en lo más hondo del sistema educativo, en los dramas estudiantiles y en los distintos perfiles de los alumnos, que muchas veces resultan esconder mucho más de lo que aparentan.



Jimmy Tatro


La serie a medida que avanza aquiere un increíble ritmo e intensidad, que hace querer devorar todos los capítulos de forma inmediata. De forma sencilla y lúdica, y con un inicio inocente se transforma en un retrato oscuro y triste de la juventud y de la vida escolar. Las mentiras, las apariencias, la ambición, los prejuicios, la corrupción, la perdida de la intimidad, el escrutinio público, y uno de los grandes problemas del sistema educativo, que no logra convencer a los jóvenes con problemas de ser mejores personas sino de ayudar a ahondar en su miseria y espíritu de autodestrucción.



Tyler Alvarez


Una serie breve pero efectiva, muy recomendada, que con su sencillo pero ingenioso formato logra ahondar en muchos temas, plantear preguntas y tocar fibras sensibles. Y con un final muy acertado y coherente, que también ilumina el espíritu y el mensaje de la serie. 



Tyler Alvarez


Muy recomendada. Es de los mejores, más fieles y efectivos retratos del mundo estudiantil que se ha llevado a la pantalla en los últimos años.


7.5/10



Trailer de American Vandal





Netflix

lunes, 6 de noviembre de 2017

La caída del Imán (Nawal El Saadawi) y la Literatura árabe

Nawal El Saadawi



La literatura árabe tiene mucha similitud con los lugares que ya hemos visitado anteriormente (África, Japón, India), teniendo como base primaria el siglo VI, que marca la llegada de la principal fuente literaria de la cultura árabe: El Corán. Anteriormente al Corán, se reconoce como la época de la ignorancia, por la ausencia de las normas y virtudes del libro sagrado, aunque precisamente ese nombre cae preciso a la insuficiencia y nulidad de textos escritos. 

El mundo árabe, como comentaba en el pasado mini ciclo africano, tiene también una gran tradición oral, las historias y los contadores de historias, que intercambiaban historias populares como la de Simbad. Posteriormente, dos siglos después se popularizaron las colecciones de historias y poemas. En el siglo VIII fue muy importante la poesía árabe, que tuvo al llamado Poeta del Profeta. Lo que también desencadenó una serie de estudios literarios y producción literaria alrededor de la figura del profeta Mahoma.

Así como la Biblia marcó gran parte de la cultura de las civilizaciones cristianas y católicas, el Corán marcó desde el punto ideológico, político, religioso, moral, etc, a toda la civilización árabe. 

La literatura árabe siguió desarrollándose alrededor del Corán y el profeta Mahoma. Estableciéndose los concursos de interpretación, o las obras literarios de comentarios sobre el libro sagrado, entre otros. Lo que permitió el desarrollo de un gran género para el pueblo árabe, la biografía. Que obviamente ahondaba en la vida e historia tras el profeta Mahoma. Pero también tuvieron los primeros contactos con los textos y pensadores griegos, y vinieron las primeras traducciones del griego al árabe, lo que les permitió conocer a los famosos filósofos de Grecia, y desarrollar ellos mismos grandes estudios filosóficos por fuera del ámbito religioso, y más sobre el estudio del hombre, la política, la sociedad, la moral y la naturaleza. 

A finales del Siglo IX, la producción literaria seguía comandada por las recopilaciones, los manuales, sobre filosofía, biografías, traducciones, historia, e incluso el sexo, curiosamente a pesar de ser tan conservadores. En ese tiempo estuvo el considerado el más grande historiador árabe, Ibn Jaldún.

La llegada de la Literatura de Ficción se vio fuertemente marcada por los famosos “Hakawati” (Los Contadores de Historias), de gran tradición árabe, que dio como resultado una de las primeras novelas de la historia universal, otorgada a autores árabes, “Las Mil y una Noches”, con historias de tradición árabe, pero también con historias de origen Indio. Esta conocida obra que dio sus primeras versiones en el Siglo XIV, y que como ya sabemos, las primeras novelas vinieron mucho antes, en el Siglo X, en Japón por dos mujeres, damas de compañía de emperatrices. 

Durante este siglo se siguió desarrollando también junto con la literatura de ficción, el teatro y la poesía árabe. Y especialmente la novela filosófica, que tuvo a dos grandes autores, como Ibn Tufail, quienes desarrollaron obras que fueron de gran influencia a filósofos y pensadores europeos. 

Luego, como en toda civilización, vendría la época del declive de la literatura árabe. Marcada por el debilitamiento de la lengua persa, y el establecimiento el imperio otomano, que confino la lengua árabe únicamente al plano religioso, dejando atrás su gran influencia en la política, la administración, la filosofía, las matemáticas, etc. Recordemos que el gran imperio otomano fue un estado multiétnico que durante los siglos XVI y XVII unió a tres continentes: el sureste europeo, el medio oriente y el norte de áfrica. Es por eso que dentro de la denominación que quedó del llamado “medio oriente”, se cuenta a Chipre y Egipto, aunque estén en continente africano. 

Posteriormente a esta época, vendría el auge nuevamente de la literatura árabe, con el periodo que se conoce como la Literatura moderna. Una época de resurgimiento que se dio ya en el Siglo XIX, así como ocurrió en Japón y África también. Y así como Nigeria fue el país donde se dio la mayor parte de este auge cultural en África, en el mundo árabe estuvo liderado por Egipto, la eterna gran civilización. Y el Cairo se convirtió en el lugar más explorado en la literatura, y donde se desarrolló el cine en el medio oriente. 

Dentro de los autores conocidos, tenemos a Taha Hussein, Alifa Rifaat, Khalil Gibran, Mikhail Na´ima, Naguib Mahfouz (primer Premio Nobel de Literatura árabe), que es excelente, y Nawal El Saadawi. Esta última, la autora que nos compete, además de su trabajo literario, encabezó el movimiento feminista no solamente desde sus libros, sino a través de distintas manifestaciones, debido a sus propias dificultades como en su infancia y juventud como mujer dentro del mundo árabe. Nawal, además tiene un libro muy famoso que se llama “La cara desnuda de la mujer árabe”, donde describe con mucho detalles todos los problemas que vive la mujer árabe, entre ellos la práctica que sufrió la misma autora en su infancia, la mutilación genital.

La novela me ha parecido excelente, se encuentra dividida en distintos capítulos, donde cada uno tiene el nombre de un personaje, de una situación o un sentimiento, como El Imán, El Gran Escritor, La Hija Ilegítima, Amor Eterno, La Esposa Legal, La Amante, etc. Lo que inmediatamente nos da una pista del estilo narrativo que estamos a punto de encontrar. Su estilo puede ser complejo y resultar difícil para algunas personas porque Nawal juega con las voces narrativas, con las perspectivas y con el tiempo. En el capítulo del Imán, de repente se te puede mezclar con la voz narrativa de la hija ilegítima en un flashback, y nuevamente volver o cambiar de personaje. Por lo que hay que estar muy atentos. 

Este estilo tampoco es fácil para el narrador, ya que requiere una juiciosa y precisa construcción, una pequeña arquitectura narrativa. Y en el caso de La Caída del Imán, nos encontramos además de esa estructura con una prosa poética, que fluye de forma sutil y bella, dotando de ritmo, armonía y belleza a cada párrafo y frase. No importa si la autora está describiéndonos algo terrible o doloroso, como una violación. La escritura es tan depurada y poética que te aterra pero a la vez genera al lector un mayor impacto por la belleza y crudeza con la que es descrita. 

Nawal El Saadawi dedica este libro a cuadro mujeres, que ella misma describe antes de iniciar la novela:  

Shahbani Shiraz, de Irán; Fatima Tag El Sirr, de Sudán; Collette Itani, del Líbano; e Iitidal Mahmoud, de Egipto. Por todo lo que sufrieron y por todo lo que tuvieron que soportar. A todas las chicas y chicos que aún están en la niñez o en la juventud. A todos ellos dedico esta novela”. (NAWAL EL SAADAWI)

Posteriormente, realiza un prólogo donde describe parte del origen de la novela, y cómo se enfrentó a su narrativa, a su construcción y a la forma de tratar sus distintos personajes. En este aparte recibe especial mención el Imán, como es llamado el jefe religioso entre los musulmanes, y que es uno de los protagonistas principales del libro, y que es la persona que tiene el poder en la sociedad. Nawal se atreve a ahondar en distintos capítulos en la infancia del Imán, describiéndolo como cualquier otro hombre que nace en esa sociedad, y que a la vez es víctima de sus propias creencias, con la que crecen y son formados. Con una evidente superioridad entre las demás personas y sobre las mujeres. Por esto, me pareció interesante todos los pasajes que la autora le dedica a los distintos hombres de la historia. Si bien, es cierto, que juzga duramente a su cultura y a los hombres, también es capaz de ahondar sobre las raíces del problema, sobre la infancia de los propios líderes.    

La otra protagonista de la novela, Bint Allah, la hija ilegítima. También es parte central de la historia, porque hay una escena y comportamientos reiterativos que suceden alrededor de su figura. El abuso y el abandono, por parte de distintos personajes, lo que despierta en la joven un sentimiento de odio y venganza. Que será parte importante para La Caída del Imán. 

Nawal describe el terror, pero también te describe los lugares, la historia, y el universo de sus personajes, que no es narrado de forma lineal, porque la escena de la violación de la niña la vemos desde distintos puntos de vista, desde el Imán, y algunos de sus colaboradores. De igual forma, las distintas perspectivas pueden confundir en sus respectivos discursos, porque en el prólogo Nawal cuenta, que la historia tiene mucho de biográfico y de las historias de las mujeres que ha conocido, y habla de la parte en que se menciona a Cristo o la Virgen María, figuras de la religión cristiana dentro de una novela que trata especialmente la religión musulmana. Aquí se remite a la parte de las perspectivas, y es que si estamos atentos a las perspectivas en donde se menciona a las figuras del cristianismo, son perspectivas de los niños, y específicamente de la niña protagonista, quienes confunden la religión islámica con la cristiana, las mezclan. Esto tiene mucho que ver con la falta de educación y de información sobre unos conceptos que se les enseña al pie de la letra sin opción a la duda o al cuestionamiento. Sino, que al contrario, cada vez que alguno confunde a Cristo como hijo de Alá, entre otros conceptos, los castigan. Así como la perplejidad de la niña al no entender por qué en su sociedad se lapida a las mujeres solteras, y cómo la Virgen María tuvo un hijo siendo virgen. Por esto, hay que estar atentos a la perspectiva que nos está narrando.   

En síntesis, a mí me ha parecido una novela brillante en muchos momentos, y me sorprende esa habilidad narrativa, que aunque es compleja, se vuelve fascinante una vez uno ha entrado en el juego. Es una novela muy completa que analiza desde distintos puntos de vista la realidad del mundo islámico, y especialmente el papel de la mujer dentro de ese mundo. Por lo que a partir del dolor, Nawal crea una heroína, que a la vez es una especie de mártir, que se rebela contra todos las instituciones de su sociedad, y pone en evidencia diversas contradicciones, y propicia la caída del Imán. 

Una novela de dolor, rabia, violencia, de denuncia, pero a la vez de ternura y de amor. Hay muchos fragmentos que me gustaron, distintas escenas tanto duras como bellas, descritas con maestría, desde la descripción de una violación hasta el pacto silencioso y de reconciliación de distintas mujeres que fueron maltratadas por un mismo hombre.

Creo que es una novela imprescindible para conocer y descubrir el mundo de la mujer árabe desde las entrañas. Y como dijo la Premio Nobel de Literarura, Doris Lessing, sobre la novela: “El relato trata de las mujeres que sufren la áspera dominación islámica, pero podrían ser mujeres de cualquier lugar en el que haya crueldad y malos tratos. Es una novela diferente de todas las que he leído, es más un poema o una balada doliente, con una cualidad hipnótica que le imprime su lenguaje rítmico y acerbo, en el que describe el mismo hecho una y otra vez: una mujer a la que dan muerte, en nombre de la religión, los hombres que han abusado de ella”.


10/10



Comparto uno de sus excelentes fragmentos: 

Fragmento de La Caída del Imán: 

"Era el final de la noche, y aún no amanecía. Hombres vestidos con blancas túnicas, la cara cubierta por espesas barbas negras, se levantaron con premura, subieron a minaretes y cúpulas, para instalar micrófonos y al poco descendieron, dejando los cables tendidos en el vacío. Mil voces, unidas en una sola en la llamada a la oración, resonaron en el aire como un trueno saludando al Imán, «solo y único jefe». Pero el vocerío cesó bruscamente. Un corte de fluido eléctrico interrumpió el coro de aleluyas. En el silencio mortal de aquellos momentos la mataron. Nadie presenció el crimen, nadie la vio caer. Sólo las estrellas del espacio, los árboles, y la montaña que se levanta entre el río y el mar. Su cuerpo exangüe se convirtió en piedra, una estatua de roca que vivió años y años con el perro al lado (según la historia antigua, los hombres de las cavernas sobrevivían con sus perros en las profundidades de la tierra durante más de trescientos años).
La muchacha iba sola, sola con su perro (sus hermanas la seguirían después). El mundo estaba tal como está hoy. Todo estaba como ahora. Lo mismo. El cielo, la tierra, los árboles, las casas, el río y el mar. Yo pregunté: ¿Éste es el mar Mediterráneo? ¿Éste es el río Nilo? Y me respondieron: Aquí los nombres pueden variar con el paso del tiempo. Pero el sitio es el mismo, y el sol es el mismo, las mazorcas de maíz son las mismas, y el búfalo hembra tiene la piel negra y cuatro patas, y yo lo vi a lo lejos bajar al agua, nadar con el lomo reluciendo al sol, entrecerrando los ojos de gusto mientras flotaba perezosamente. Al rato, sale del agua y, con paso relajado, va hacia un campo y se pone a pacer lentamente, moviendo la cola, con el oído atento al chirrido de la noria, siguiendo con la mirada a la mujer, atada a ella con una cuerda de cáñamo, que da vueltas y vueltas, con los ojos vendados. Detrás de ella va un hombre que le golpea las nalgas con un bastón cada vez que se para a respirar.
Ahogo una exclamación de sorpresa. ¿Una mujer, empujando la noria, mientras el búfalo descansa? Y me respondieron: Aquí impera la ley de la oferta y la demanda. Cuesta más un búfalo que una mujer; un hombre puede tener cuatro esposas, pero sólo puede permitirse un búfalo. Estaba en campo abierto. Los campos son como una larga franja verde, y en el agua flota una fila de búfalos con el lomo reluciendo al sol. Más allá de la franja verde está el desierto y, más allá del desierto, dunas de arena amarilla. Pero, si llegas hasta la montaña, puedes tropezar con bandidos. Aquí no sólo las hienas sino hasta las águilas, comen carroña. Los tigres devoran antílopes y venados, pero no carne humana. Los hombres son los únicos seres vivos que se alimentan de la carne de su propia especie. La caza escasea, pero los seres humanos abundan y su carne es fácil de encontrar. Los cocodrilos son traidores y la piel de las serpientes es suave, pero su veneno es mortal. Aquí no existe lealtad más que entre los perros. Aún es de noche. La noche es larga, y oscura, muy oscura. En su profundidad se esconden insectos. Tienen cuerpo de mosquito, de langosta o de rata. También hay reptiles y criaturas que se arrastran a cuatro patas. Pero, ¿adónde ha ido la gente?, pregunto. No veo a nadie. El cuerpo de la muchacha ha desaparecido y sus asesinos se han ido. ¿Adónde han ido los seres humanos?, vuelvo a preguntar. Si los hay a millones, me dijeron, como nubes de mosquitos que flotan en el aire. No puedes verlos a simple vista. Viven en las profundidades de la tierra, en cuevas subterráneas, en casas que son como fosas funerarias. Creen que la luz es fuego y la temen. Creen que los rayos del sol transportan radiaciones nucleares, que del otro lado del mar les llegará una gran desgracia, enviada por las grandes potencias en botes de leche infantil, que todo esto es la ira de Dios que desciende sobre ellos. Pero, ¿por qué ha de estar Dios enfadado con ellos? No lo saben, no saben qué crímenes han cometido. No conocen la palabra de Dios ni lo que dice. La palabra de Dios está escrita, y ellos no saben leer. No saben lo que son las palabras. Lo único que saben es murmurar o aplaudir, aclamar o vociferar, chillar o dar alaridos. Y pregunté: ¿No se puede hablar con ellos un momento? Y me contestaron: Sí, si hablas su lenguaje, llevas ropas de hombre o escondes tus vergüenzas detrás de un velo. Yo exclamé con sorpresa: ¿Qué vergüenzas he de esconder, si voy vestida? Entonces me señalaron la cara con el dedo. Sentí miedo y se me paralizó la lengua. Pero dije: ¿Quién os ha dicho eso? Y respondieron: Dios, la palabra de Dios dice que la cara de la mujer es algo vergonzoso, que no debe ser visto ni por los hombres ni por Dios. Pero la palabra de Dios está escrita, ¿verdad?, y vosotros no sabéis leer, ¿cómo podéis saber lo que ha dicho?, pregunté. Guardaron silencio un rato. Se miraron. Levantaron los ojos al cielo. Señalaron la fotografía que colgaba de lo alto del monumento levantado en conmemoración de la Gran Victoria. Y yo dije: ¿Quién es? Y ellos susurraron: ¿No sabes quién es? Dondequiera que mires lo verás. Su imagen está colgada por todas partes, en las calles, en las paredes, en las tiendas, en los arcos, en las columnas y en todos los monumentos que conmemoran la victoria. Es el Imán y está en todas partes. Pero yo dije: El que está en todas partes no está en ninguna parte. Me miraron en silencio. Luego, fruncieron los labios y dijeron: Le juramos eterna fidelidad. Él es nuestro señor, el Imán. Dios le ha visitado muchas veces, y él conoce su Palabra mejor que nadie."

(La caída del Imán, de Nawal El Saadawi)






Nawal El Saadawi